3.10.2015

Un accidente cualquiera.

No sabía qué comprar. O sea, sí lo sabía, pero estaba como dormido en mis pensamientos, y Cary no dejaba de insistirme en que me decidiera.
-Sí, sí, empanadillas y saladitos de estos de pollo. Sí.
-¿Pero una docena o... qué?
-Sí, sí, una docena de cada, ¿no?
Cary se giró hacia la mujer que nos atendía, ya impaciente porque le dijéramos qué queríamos llevar, cuando el móvil de Cary empezó a sonar. Ponía Laura en la pantalla, mi hermana, y nos extrañamos. No miré mi móvil pero pensé que, si la llamaba a ella, se debía a que el mío no tenía cobertura. O eso, o que, debido a mi tendencia a la hipocondría, fueran malas noticias.
-Ah, hola Rober... ¿dónde estáis?
-Comprando cosas para el papeo. En breves vamos para ahí.
-Ah, ¿no habéis salido todavía?
-No, todavía no.
-Vale, es que, mira, ocurrió un percance con Irene. Se cayó del caballo y se cortó la pierna. No es muy grave, fue un corte limpio, pero, al parecer fue un corte grande. Y no sabemos cómo se va a alargar esto... Están en el hospital con ella, y no sé si, al final, vamos a poder celebrar nada.
-Ya.
-Pero, mira, vosotros comprar lo que tengáis que comprar... Que si no se come..., se merienda. ¿Sabes? Así que veniros para aquí y ya vemos lo que hacemos...
-Vale, vale... pero... ¿fue grave?
-No, no, se ve que fue un corte limpio y no le tocó nada.
-Vale, bueno, pues vamos para ahí ahora.
Eran las 12.29 de la mañana de ayer domingo, día mundial de la mujer trabajadora. También era el cumpleaños de mi sobrina Irene. Cumplía 15 tacos, e íbamos a comer a los merenderos del molino de Pedroso, en Narón. 
30 minutos antes, a las 11.54, mi madre recibe una llamada de Gloria, la monitora de caballos de su nieta Irene. La voz que salió fue la de su nieta.
-Abuela, abuela, mira, tengo que decirte una cosa. No te asustes, ¿eh? No pasa nada, pero me caí del caballo y me hice un corte... Están aquí conmigo, y me dicen que han llamado a una ambulancia, que me llevan al hospital.
Mi madre hizo unas preguntas como quien lanza piedras a un estanque. ¿Cómo? ¿Pero cómo que un corte? ¿Qué tipo de corte? ¿Y con qué te cortaste? Llamó a César. Había hablado minutos antes con él, porque no había coches suficientes para ir todos al merendero, y tenían que organizarse.
Cuando César notó su móvil vibrar y vio que era su suegra, pensó que había algún cambio de planes de última hora. Nada grave.
-César, oye, hubo un accidente con Irene, pero, tranquilo, está todo bien, de hecho me llamó ella.
Mi madre le contó por encima lo que sabía sobre el corte y a dónde la llevaban. Al final le dijo que llamase a Gloria.
Daba la casualidad de que César los recogería para luego darles el coche e irse él mismo con otro. Se acercó hasta su casa y mi padre se subió con él. Fueron juntos al Hospital Juan Cardona de Ferrol. 
Cuando llegaron no había ambulancia ni nadie con un corte en la pierna. Mientras, mi madre me llamaba algo más de 30 minutos después de saber esto, porque durante todo ese tiempo no supo nada más. Y a las 12.36 llamaba a su madre, mi abuela, para devolverle la llamada que minutos antes le había hecho.
-Pero, a ver, que no me decís nada.
-Es que no pasó nada, mamá.
-Pero si me dijo Andrés que la niña se cortó una pierna...
-Boh, si no fue nada.
-Es que no me cogió el teléfono en toda la mañana.
-Pues seguramente fue porque lo dejaría apartado por ahí.
-Y Laura lo mismo, nadie me lo coge.
-Pues por lo mismo, mamá... lo tendrán en silencio o algo.
Cuando la ambulancia llegó al ala de Urgencias del hospital supieron que había tardado tanto porque no sabían llegar a la granja escuela. Dos mujeres que llevaban a sus hijas con los caballos igual que Irene, se ofrecieron a guiar a la ambulancia desde la carretera comarcal. Por teléfono hablaron con mi hermana Laura y le dijeron que su hija se había portado como una valiente, que estaba muy íntegra, que había aguantado mucho el dolor y apenas lo mostraba, y que, de no ser por todo eso, se habían venido abajo en seguida. En la ambulancia venía acompañando a Irene su monitora, que bajaba con el rostro desencajado, sin despegarse ni un momento de ella. La camilla bajó e Irene cruzó la mirada de César y de su abuelo. ambos visiblemente preocupados. César fue a hablar con administración, y con las prisas tuvo que gestionar el ingreso y mi padre acompañar a Irene a la sala de espera. En triage determinaron que era lo suficientemente grave como para ingresarla de inmediato. Las enfermeras de guardia observaron la herida y la limpiaron. Mi padre, entonces, vio la herida con forma de 7 que le cruzaba de lado a lado del muslo de su nieta y algo en su interior le dio un vuelco. Era amplia y limpia. Pero, sobre todo, era grande. Mucho. Llamaron a un traumatólogo. Hicieron pruebas. No sangraba.
A las 12.47 mi madre me llama y me dice que no sabe nada, que la cosa parece más grave y poco más. Vamos en el coche. Dos minutos después, Laura nos llama, tras haber hablado con César y mi padre. Nos dijo que la cosa era más grave de lo que parecía en un principio. Que no pueden coser así como así, que antes tienen que mirar si ha tocado algo, y que posiblemente va a llevar tiempo. Que nos vayamos a casa de mis padres y que esperemos. Mi madre quiere escuchar la conversación porque no sabe apenas nada. Le cuelgo. Diez minutos después llamo a mi padre para saber cómo va. Está dentro, con Irene. Dice que la están limpiando y que pronto le harán las curas. Está serio. No levanta la voz.
A las 13.14 mi madre me vuelve a llamar. Que no sabe nada, que qué vamos a hacer. Le digo que nos pasamos por el hospital. Llegamos diez minutos más tarde, justo cuando hablábamos con Laura sobre la mejoría de la herida y de la posibilidad de retomar el plan inicial.
-Irene dice que quiere ir y que quiere ir. Que no es para tanto. Así que ir tirando hacia Pedroso y buscar un sitio.
En Urgencias nos encontramos con César que nos pone al corriente de todo. Quedamos en que se queda con ella hasta que salga, y nosotros vamos a buscar a mi hermana y a mi madre. Las llamo y concretamos. 20 minutos después estamos en el merendero. Otro cuarto de hora más tarde llega Irene. Nos cuenta el resto de la historia, por lo que sintió cuando se cortó, cuando la llevaban en la ambulancia. Le preguntamos por todo. Le preguntamos por el comienzo. Comimos tortilla y filetes y ensalada de tomate y hojaldres salados y empanadillas. Y luego tarta. Y abrimos regalos. Y nos reímos. Y alguien dijo "de este cumpleaños te acordarás toda tu vida".



A las 11.39 horas de la mañana, Irene cabalgaba a un caballo que no era el suyo, porque el suyo estaba enfermo. Había llevado a otro conocido por ser muy testarudo. En un giro brusco el caballo frenó e Irene cayó sobre una de las barreras perimetrales que separan la zona de monta del público. Esa barra, a su vez, tumbó. La pierna izquierda de Irene, el muslo, toda la zona del cuádriceps, fue a dar con la base metálica y afilada que sostiene las maderas perimetrales. Le seccionó el muslo a una profundidad de unos tres centímetros, dejándole un corte con forma de 7 de unos quince centímetros de largo por 8 de ancho. Pero no sangró. Ni apenas notó nada hasta que quiso levantarse. Su monitora, la responsable que esa mañana estaba al cargo en la granja escuela de Belelle, Gloria, le dijo que se levantase, que no era para tanto.
Irene gritó "ay, mi pierna, mi pierna".
Gloria se acercó, caminando despacio, como quitándole hierro al asunto. Cuando vio la herida, dijo, muy seca.
-Llamar a una ambulancia.
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