5.20.2011

A las barricadas!

Esto empieza a mosquearme. Y lo digo muy en serio. Reconozco que la cosa funciona, y que es atractiva. Además, de un tiempo a esta parte consideré la única opción viable en asuntos políticos el castigarlos con la mejor arma: no hay mayor desprecio que el no ser apreciado. Y en ésas estoy, que no pienso votar. Y no por pereza ni por pasotismo. Yo quiero votar, de hecho creo que el sistema "funciona", por lo menos, de aquella manera. Pero algo cheira. Huele un tufillo extraño. Y sé que es una buena idea. Pero la cabeza da vueltas. Demasiadas insistencias en la alternativa. Y todavía no tengo muy claro cuál es.


Llevo una semana leyéndome todos los artículos y todas las opiniones internáuticas para ver de qué va todo esto. Y la verdad es que, así en general, a los abstencionistas cabrones y vagos y maleantes nos dejan a la altura del betún con bastante acierto. Proponen una alternativa arriesgada, al menos desde mi punto de vista. Votar a las alternativas que existan en cada caso, esto es, olvidarse de los partidos mayoritarios y fijarse en aquellas esperanzas personales e individuales de unos pocos que, hartos del teatrillo que se viene montando desde hace unas décadas, decidieron con sus propios esfuerzos, sus propios medios, y sus propios cojones, lanzarse al vacío sin esperar demasiado a cambio. Y en ésas estamos, supongo, en un proceso en el cual los grupúsculos ven su oportunidad, en una especie de "no nos falléis" en el que mucha gente ha salido a la calle para volcarles su confianza. Pero la confianza es muy cara, porque si se pierde es muy difícil de recuperar. Y por eso todo el mundo tiene los ojos puestos en esta gente. Y por no ser menos, el aquí presente también. Lo que pasa es que, y la gente que me conoce lo sabe, a veces se me pelean los ojos, y veo cosas raras que a veces no quisiera ver. Porque estas cosas son muy importantes, a la vez que delicadas, y no queremos que se nos tome por tontos. Que ya hemos sufrido bastante con el chaparrón que cae desde hace unos tres años.

Como decía, hago revisión diaria de noticias y artículos diversos sobre el tema. Y dado que va del sistema político, las palabras voto, alternativa y confianza se repiten constantemente. Voto por una razón muy simple. Porque va de todo esto. En un sistema democrático como el nuestro, que se rige por un principio básico de representatividad, lo suyo es ceder a otro que "conocemos" nuestro derecho legítimo de que alguien cobre -y por lo tanto, trabaje- por representar nuestras ideas. Tras lo cual viene alternativa, palabra desprestigiada por aquellos cantamañanas que hoy se cagan por los pantalones al ver tanto revuelo de la leche. La usaron sin compasión, y ahora todavía más después del "yes we can" de los huevos, en donde se vuelve imprescindible acompañarla de "cambio", por aquello de parecer rebelde, y ahora cobra sentido al observar que, efectivamente, disponemos de una alternativa viable. Votar, pero hacerlo con cabeza, a aquellos pequeños que nunca tienen voz. Y por eso ponen en la lista negra a todos los tiñalpas que durante las vacas gordas se pusieron hasta las trancas de grifa: PP, PSOE, CIU, ERC, UPyD, BNG... Ya sabéis. Esos cabrones chupópteros. Como los de IU, con Llamazares al frente, un tío que no consiguió nada -salvo dejar a la "izquierda" en mínimos históricos- y que se niega a largarse de su escaño. Maldita sea. Lo que me lleva al tercer término: confianza. Porque es básico y fundamental para conocer el sistema. El principio de representatividad gira en torno a eso. Confianza. Confianza en aquellos a los que les cedemos nuestro derecho a ser gobernados. De ahí, supongo, nacen los partidos, los cuales no son más que canales que encauzan la opinión política de la gran masa hacia un par de ideas. Es así de simple. Somos muchos, muchísimos, y la idea de autogobierno expresada en el individuo es una utopía cojonuda para hablar en una cafetería, pero difícilmente alcanzable. Nos ayudará a avanzar, claro que sí, pero por el momento debemos ceder un voto a quien nos guste, a quien consideramos que comparte nuestras ideas y enfoca nuestros problemas. Debemos votar y punto. Es la única manera de expresarnos.

Pero aquí me viene la duda chunga. ¿La única manera? ¿Seguro? Si se supone que ese principio de representatividad, de confianza en el otro no me gusta, o dicho de otro modo, no confío en nadie para que me represente, ¿de qué otra manera puedo expresarme? Bueno, pues para los de Ciencias Políticas hay muchas maneras de expresarse políticamente. De hecho, curiosamente, debido a la importancia de autogobernarnos como sociedad humana, hay más de un cauce para dirigir nuestras frustraciones y nuestras opiniones. Así, podemos observar que, desde el punto de vista político, vale tanto una charla de café sobre política que votar en las elecciones que lanzarse a la calle a protestar. ¿En serio? Sí, en serio. De hecho, el sistema está tan corrompido que hasta ir a comprar al Gadis, o al Condis, o al Carrefour, al Alcampo o cualquier otro centro comercial se convierte en una participación política. ¿Y eso? Y eso es mi amiga y no baila, ja ja. En fin, chiste fácil. A lo que iba. Eso es así puesto que, debido a la mala obra de los cabrones arriba mencionados, la democracia tal y como la conocemos se vende al mejor postor, y eso se consigue transformando a las personas de la clase política por putas gallinas que cambian su ética profesional por dinero. Así obtenemos una democracia mercantilista y dejamos de lado la democracia representativa. ¿Y eso qué significa? Pues que, como bien dijo Ramón Sampedro, la democracia mercantilista, o el tan clamado capitalismo atroz, convierte el proceso en el cual un individuo vale un voto, en otro proceso en el cual cada fracción monetaria vale un voto. Así, tendremos que, si un individuo posee cien fracciones monetarias valdrá cien votos, y otro que tenga cien millones, tendrá cien millones de votos. Es por eso que se dice que son las grandes empresas y las grandes instituciones las que cortan en bacalao, que expresan sus ideas -o mejor dicho, imponen sus ideas- a través de los partidos políticos que, supuestamente, nos representan. Y es por ello por lo que consideraba como mejor opción el no votar. Porque, al menos en un principio, no dejaba mi derecho de representatividad en manos de nadie.

Lo que pasa es que hay una cosa muy cierta en todo esto. Los partidos políticos, en manos de grandes poseedores de millones de votos -o sea, ingentes sumas de fracciones monetarias que se convertirán en votos- se pasan por el foro de los cojones esto que estoy diciendo, y alegan que abstenerse no es negar tal derecho, si no ser anti demócrata. Que luego me digo yo, que en todo caso, aquellos que llaman de tal manera a lo que no votan -incluyendo a los de la plataforma que ahora están en la calle- deberían saber que, al menos por definición, no votar en tan democrático como votar, porque antidemocrático sería el no dejar expresarse políticamente a nadie -o lo es que lo mismo: dictadura-. Pero no nos enredemos más, coñe. Que los políticos hagan lo que les salga sin tenernos en cuenta no dependerá de si votas o no, porque lo van a hacer mientras perdure el sistema mercantilista como tal. De hecho, y pese a quien le pese, le duela a quien le duela, es más efectivo actualmente boicotear ciertos sectores comerciales que votar a tal o cual partido. Fijaros sino en el sector bancario. Paga las facturas de los partidos políticos -y de algunos políticos- de forma que, en algún momento, éstos tendrán que responder a ciertos favores.

Así que hacedme el favor de no buscar enemigos que ni pinchan ni cortan, que los que no votamos tenemos el mismo derecho a expresarnos que vosotros. Porque estamos de acuerdo en una cosa: los que gobiernan el sistema la están cagando. Y mucho. Pero, por favor, no nos pongáis en el punto de mira. Que la abstención en sí ya es peligrosa -sino no entiendo por qué hacer apología del abstencionismo es un delito- como para meterle más mierda, cuando ésa misma mierda debería estar enfocada a quienes joden la marrana. A los arriba mencionados. Incluyendo a IU, sí, que parece que se os olvidó ponerlo en la lista negra. No vaya a ser que, al final, todo esto no sea más que otro viral propagandístico, y se arme la gorda. Porque entonces será tarde, muy tarde. Y no es bueno que nos guíe la ira o el odio. Porque conlleva sufrimiento. Y por el momento ya hemos sufrido bastante.
Publicar un comentario