9.11.2008

Lo sé, y lo siento.

Lo sé. Desaparezco por momentos para volver con una fuerza desconocida que no cuadra con la situación ni con el lugar. Me inmiscuyo en vidas ajenas de forma exhaustiva hasta que los números fallan y salgo volando. No tengo excusa ni razón, y pido perdón entre sollozos sólo cuando es la última alternativa a tomar. No me rindo fácilmente, ni me dejo intimidar. Cabezón hasta la médula, se torna complicado tener conversaciones conmigo si se parte desde mi punto de vista. Vamos chicos, miradme bien. ¿No creéis que debería recibir una somanta de hostias?

El otro día observé atónito un documental, leí con sorpresa un libro, escruté mi habitación con enfado para acabar abriendo la ventana de mi habitación y no ver nada a través de ella. Antes veía historias personales a cada paso y mi barrio era ideal para tal fin. Ahora no me interesa nada, o al menos eso parecía durante muchos meses de este año. He sacado un curso en un año, y eso, al menos para el resto de mortales adultos -padres, madres, hermanos, abuelos, amigos de los padres, madres, hermanos- es un fin loable y justifica medios, recursos y amores y polvos. He sacado un curso como dios manda, o eso dicen, y la verdad es que no me siento tan lleno. He dejado de lado mucha gente en el proceso, y eso me hace sentir muy mal. No he salido tanto, ni he viajado tanto, ni he conversado tanto como me gustaría haber hecho. Y sin embargo he sacado un curso completo, mira tú qué bien.

Tampoco es como para cortarse las venas, pero últimamente sentía un aborregamiento algo inusual. Simplemente, durante muchos meses me he dejado literalmente llevar por las circunstancias. Y no me ha gustado. He participado del juego adulto de las responsabilidades con fecha de caducidad y hora de entrega y no me ha gustado. NNo he jugado con mis sobrina lo suficiente, incluso por momentos me he puesto el traje de progenitor y hasta le he regañado. Me ha dado lo mismo discutir sobre el llegar tarde a una cita que sobre política, poniéndole el mismo ahínco e ímpetu en las dos cosas, sin llegar a ningún fundamento válido ni útil. Y lo que es peor, he caído en ese círculo de autocompadecimiento, en el que la única frase a repetir era ojalá haga esto, o ojalá pase lo otro. De las decenas de libros que engullía años atrás, éste ha pasado sin pena ni gloria sin haber abierto apenas unos cuantos que cerré al segundo por no encontrarlos interesantes. Y aunque he tenido momentos de arranque y puesta en marcha gracias a conocer personajes importantes, charlas entre cañas y segundos de esparcimiento emocional a lo bruto, no he pasado del mediocre bajo en la nota final. En resumen: he sido adulto. Y no me ha gustado nada.

A la mierda con todo, joder. Que ya vale de tocarme las pelotas con que si no haces esto te morirás de pobre, si no haces lo otro se te indigestará tu idealismo, que si no vives como viven los demás dejarás de ser un hombre de provecho, que si juzgas a tus semejantes no serás justo ni noble, que si... ¡Me cago en la leche! ¡Por hacer eso mismo me he quedado apartado del mundo, y la gente no me llama porque no quieren saber nada de un soplapollas que ha estado muy ocupado con su agenda! ¿Es que no os dais cuenta? No quiero ser como vosotros ni de lejos, y prefiero seguir jugando con mis contradicciones de niño de papá hasta que YO me dé cuenta de MI error. Pero por lo menos ese trocito, ese espacio minúsculo seguirá siendo MIO. Con poco esfuerzo he conseguido que me escuchéis para luego no hacerme caso, y acabar perteneciendo a una muchedumbre lista y progre que dibuja una línea recta y se queda contenta. ¡Joder, si hasta la gente de la ambulancia me ha recriminado tanto tiempo ausente! Tiempo que he empleado en ser un buen samaritano y parecer lo que no soy. Y yo soy un hijo de puta, y siempre lo seré, porque me gusta, me hace sentir vivo, y porque puedo. Y sin embargo... sin embargo necesito de las personas para conseguir esa meta, pero no solamente las que aparecen desangrándose a la vuelta de la esquina, ni aquéllas que sólo se quedan con la fachada de tu trabajo, de tus logros y de tus metas. No todo en esta vida se cierne sobre un status a conseguir. Hay personas que no se conforman con lo que tienen, y buscan alternativas, juegan con las piezas hasta dar con una clave que les mantenga un segundo más, tranformando el miedo interno en valor y coraje gracias a ese segundo, a ese espacio personal e intransferible, que no se vende ni siquiera a cambio de una vida. Y se supone que yo era así.

Hasta que te das cuenta. Hoy una señora se puso histérica en la sección de entrega de paquetes en Correos y me di cuenta que mi impaciencia se debía justamente a lo que acabo de decir. Y antes no era así. Habría sabido ver que no se puede ir por el mundo con esa mentalidad tan agresiva y estricta. Uno tiene que mantenerse en un plano de equidad con el entorno, conociéndolo, asimilándolo o transformándolo según el caso, hasta comprender su significado. Y eso es así porque yo lo llegué a comprender. Lo juro. Miles de tardes de cafeses y noches de cañas lo corroboran. Habrá que retomar lo que un día dejé de lado. No más broncas absurdas ni justificaciones baratas. Volveré a dar por saco. Lo juro.
Publicar un comentario