9.27.2007

¿Y cómo le trata a Ud. la vida? o De lo que aprendí en el tajo.

Y sin embargo... comenzaba una canción, como negando y afirmando al mismo tiempo, así como con pesar y júbilo, la eterna contradicción del cómo somos y cómo llegaremos a ser lo que realmente queremos ser.

A quien no me conozca le contaré un secreto. Aunque crecí en un colegio concertado y en mi familia nunca ha faltado de nada, a mi me educaron en la calle. Siempre me ha fascinado todo lo que encontraba a cada paso que daba. Satisfago mis necesidades rastreras y ruines -como el espiar vidas ajenas y analizarlas hasta hacerlas añicos- yendo de aquí para allá, como el deambular de un yonqui pero con un rumbo fijo y determinado, mientras observo detenidamente a todas las personas que se cruzan en mi campo visual. Al niño del carrito que da palmas, al perro que mueve el rabo al compás de las palmas del niño del carrito, a la señora que fuma su pitillo mientras sujeta sin apenas fuerza el carrito de su niño, a la amiga operada que habla con su amiga que fuma compulsivamente su pitillo mientras sujeta un carrito con un niño dentro...

Escrutar entre líneas en cualquier situación cotidiana de la vida sirve, entre otras muchas cosas, para saber lo que de verdad importa. Olvidarse de prejuicios previos a la experiencia y abrirse en canal ante la normalidad normal, del acontecer social que parece sostenerse en piezas absolutas y firmes, es lo que de verdad ayuda para conocerse a uno mismo, para saber qué coño es lo que de verdad importa.

Pero nunca he pasado del mero apunte, de la anécdota superficial que bien podría servir para llevarte a la chica a la cama tras una larga conversación de cañas y chupitos de tequila. Cierto que mi carrera -estudio sociología- ayuda bastante a separar elementos importantes, factores que influyen más que otros, así como una larga terminología que, para esa noche de cañas y futuro polvo salvaje viene a ser un tanto inútil y poco fiable; mas he de admitir que, a pesar de toda esa ayuda que acabo de citar, cuando uno se encuentra con la realidad de la calle, lo aprendido en el libro, por momentos, se va al carajo. Quiero decir, que tras una larga pantomima de postureos infumables academiticios y asépticos como la madre que los parió, no queda otra cosa que lo esencial, esa naturaleza rancia y ruin que nos envuelve a todos.

Vagos, perezosos, conformistas, ignorantes y duros de mollera, las personas que habitamos el primer mundo pecamos de vanidosos, pero en nuestro orgullo se encuentra la clave para nuestra comprensión.

Todo esto está cambiando para mí porque he tenido la suerte de encontrarme con un trabajo que resume todas esas ideas a una sola: hablar con la gente de su vida y de su trabajo en la calle. Llevo un par de semanas, y en todos esos días he recopilado historias para contar y que, espero, no defrauden a nadie...
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