2.16.2011

Macarrones con tomate.

¿Qué hay de comer hoy? Macarrones con tomate. Ya.


Siento decirte esto, pero no te vamos a renovar el contrato. ¿Por? Eso me dijeron y eso fue lo que contesté. Una única puñetera palabra, cuando debería haberme cagado en todos sus muertos, como mínimo. Hijos de puta. Un año entero partiéndome la espalda para hacerles las putas pruebas que ninguno de ellos sabía hacer, para decirme que no, que vete olvidándote de otra cesta de navidad, pringao. Sin más excusas que esa. No les compensa contratarme. Prefieren tener a otras cuatro en prácticas, que evitarse pagar seguros y prestaciones para alguien que sabe que aumenta la productividad. Pero no. Si tuviese delante al subnormal que dijo que la movilidad laboral ayudaba a las empresas a contratar a gente nueva, y mejorar el rendimiento del mundo mundial, le rompía la boca. Me dejan en la calle, para que el todo siga su curso de mierda. Joder.

¿Pero no puedo pagarlo a plazos? Si me das tu nómina, sí. Ya, pero estoy en paro. Espera que te pregunto. No, me dicen que con unos pagarés... pero es un coñazo. Ya. Pero es que la necesito para trabajar. Lo siento. ¿Lo siento? Mamón de los cojones, te voy a rebentar las piernas a pedradas. Pero no dije eso ni de lejos. Para qué, me pregunté yo. Si lo poco que ganaría serían un buen par de leches de los seguratas que había a veinte metros en cuanto me viesen lanzarme al cuello del hipócrita este. No sé ni por qué sigo viniendo aquí. Ya les he enviado unas cinco veces el currículum, y ni hola. Pero siempre están dispuestos para asesorarme en materia de vaciado de bolsillos. Con lo caro que tienen todo aquí, joder. El otro día vi como esquilmaban a un pobre incauto que les quería vender todo su equipo fotográfico analógico, y cuando lo estaban revisando solamente le ofrecieron unos cien cochinos euros, por una cámara que ahora la venden por ochocientos. Mierda, joder. Es siempre la misma mierda. Sí, claro, podré seguir tirando con mi vieja cámara, esa que ya renquea de lo destrozada que está. Seguro que con la mierda de fotos que saco me dan algo que valga la pena. Sí, un pulitzer. Ya. Es que lo que me pasa es que no valgo para esto. Volver a casa y dedicarme al negocio familiar. Ya lo decía yo, esta ciudad me ha demostrado algo que yo no creía que pasara. Soy un fracaso. Vaya. Pse.

Mira, mejor me lo pienso y vengo otro día, es que todavía no sé si voy a disponer del dinero. ¿Vale? Pues venga, gracias. No, mujer, gracias a ti. Venga, un beso. Chao. ¿Pero es que el mundo se ha vuelto loco joder? ¡Cuatrocientos pavos por un mes de inglés! Piratas de mierda. Ya he mirado dieciocho escuelas, y todas tienen algún trapicheo montado. Incluso le he preguntado a mis colegas de aquí, y todo cristo me habla mal de ellas. Es de coña. Para partirse el ojete. Pero claro, luego tengo que escuchar a la peña aquello de si a ver si estudias inglés, muchacho, que es importantísimo, que no te van a coger en ningún lado, que si a ver si espabilas, que te va a coger el toro... Mierda. Era el mejor en inglés de toda mi puta clase, pero el nivel de mierda del colegio de los huevos no da ni para decir cenquiu plis y no me toques las bolas en inglés. Y ahora qué. A la escuela de idiomas. Ya. Culpa mía. Debí ser un buen estudiante y no haber perdido el tiempo con mariconadas. Mal asunto. Eso me pasa por gilipollas. A ver, esta parece decente. Calle general de Gracia, número...

Y la cocina es amplia, con mucha luz. ¿Esta amueblada? Si se refiere a que tiene electrodomésticos, no. No tiene electrodomésticos. Vale. ¿Y de cuánto estamos hablando? Setecientos al mes. Ok. Pues muchas gracias. Adios. En fin. Otro tachado. Y van treinta y dos. Joder, y con la que está cayendo, que no paran de decir que si bajan los precios, que es el momento de alquilar, que si ayudas, que si desgravaciones... Buf. Sopor me da de pensarlo. Ático ideal parejas, cuchitril reformado a zulo infecto lleno de mierda. Piso íntimo y bien comunicado, palomar asqueroso convertido a antro putrefacto. Estos se creen que la peña es gilipollas, y como todo dios tiene que dormir debajo de "algo" pues ea, a explotar se ha dicho, y maricón el último. Dios, si es que me entran ganas de romper brazos en cuanto me enseñan una caja de sardinas de ésas, y encima te ponen sonrisilla cómplice y te piden obligaciones, que si tienes que pintar el piso que el dueño no se hace responsable, que si tienes que arreglar los lavabos tú, que si tienes que meterte esta barra de acero por el culo cada vez que pagues. La hostia. De verdad. Y los precios no bajan. Claro. Ahora ha subido la luz un huevo. Como para tener a un pintamonas compartiendo piso contigo y que sea de la liga mundial de frikis jugadores online de pililas mutantes dos, y date por jodido. Que hasta para pagar la factura tengo que ponerme de rodillas mirando a la meca. Joder.

Pero cómo que cuatro cincuenta. ¿Por esta mierda de cerveza mal tirada? Venga ya, me estás tomando de coña, ¿no? No, no me tomaba de coña. Y tampoco me atreví a no pagarle. La verdad es que no tenía la culpa, y estaba buena. Quitando el hecho de que era gilipollas integral, como todos los camareros de la zona, que parecen sacados de la escuela para zulús subnormales del mal gusto. Visten como tiñosos, y encima me hacen sentir inferior. No lo entiendo. Y tener que pagar cuatro pavos por una mierda de cerveza que, aun encima, sabe a pis de gato. ¿Es que nadie aquí sabe hacer bien su trabajo? El manguito tiene dos posiciones, uno para la crema de espuma, otro para la cerveza. Pero no, a los treinta segundos, otra vez amarillo limón. Dios, qué rencor. Y venga a poner cara de circunstancia. La última vez que vinieron mis viejos a visitarme me dio hasta vergüenza. Yo venga a decirles que sí, que no había problema, que aquello estaba bien, dentro de lo estrictamente comprensible, ya sabes, cosas de la gran ciudad, y tal. Y un huevo. ¿De qué cojones van éstos pichaflojas? ¡Ah, sí! Luego vinienen las excusas super molonas de la muerte. La última, que lo del pincho no tendría futuro, que aquí nos va pagar por lo que pedimos, que las cosas regaladas no traen nada bueno. ¿Acaso me estáis viendo la cara? ¿Es que os creéis realmente que soy retrasado y no me doy cuenta? Pandilla de gilipollas. Imbéciles muertos de hambre. No puedo ir a un puto garito a tomarme una puta cerveza decente porque aquí, las cosas no se pagan con dinero, sino con pagarés. Sí, pagarés de la poca decencia que queda. Y yo ya debo demasiado. Estoy en número rojos. Y ahora la propina la pongo con la poca paciencia que tengo.

Hoy que hay de comer. Macarrones. ¿Macarrones? ¿Así, sin nada más? Así, sin nada más. ¿Y mañana? Tú qué crees. Ya.
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